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terça-feira, 4 de março de 2014

DERECHOS HUMANOS PETRALLAS Y OTRAS ABERRACIONES TOTALITARIAS

No sé si es el calor infame de este fin interminable del verano brasileño, pero están pasando cosas que no entiendo. Y, por no entenderlas, tal vez valga la pena registrarlas en la lengua de mis ancestrales, para que las apreciaciones salgan más auténticas . Además de que la lengua de Cervantes es el mejor vehículo para blogar, en el sentido estricto de la palabra, o sea, vomitar o echar fuera todo lo que queremos poner en la red. Los “malandrines y follones” (como diría don Quijote de los corruptos funcionarios del reino presidido por los Austrias) para mí son los petrallas de todos los tamaños que se han adueñado del Brasil,  y que hacen cosas que francamente ni Mandrake entiende.

Primero una aclaración lingüística: los petrallas (neologismo que junta petistas y hermanos metralla) son aquello que en Colombia llamamos los mamertos, o sea los comunistas escondidos atrás de siglas las más variadas. Pero al fin y al cabo, comunistas. Estalinistas, trotskistas, maoístas, castristas.  Seres jartos por naturaleza, que son capaces de hacer que toda una comunidad pierda la libido. Entidades  jartísimas y corruptas. Funcionarios corruptos y, además, mentirosos “desde el comienzo”, como decía Jesucristo de Satanás. Toda esa fauna de la izquierda radical que aún piensa en hacer la revolución proletaria por estas tierras y que, desde la fundación del Foro de São Paulo por Fidel Castro y Lula, en la década de los noventa, pretenden darle una sobrevivencia ficticia al cadáver insepulto del comunismo, que fue derribado en el resto del mundo,  menos en la América Latina. “Cuando las ideologías están bien viejitas, vienen a vivir en Brasil”, dijo en cierta oportunidad el gran humorista brasileño Millôr Fernandes. Y de los petrallas se puede decir que encarnan la peor manifestación de la ideología marxista-leninista.

El año que pasó y que realmente muere con este fin de carnaval nos dejó una lección: los petrallas han instaurado la nueva versión de derechos humanos que pretenden venderle al electorado y al público en general: sólo valen los derechos humanos de los amigos o los de sus protegidos. Los de los otros ni siquiera se mencionan. La ministra de los Derechos Humanos del gobierno Dilma ha sido clara en eso. Sólo se pronuncia cuando los derechos humanos en cuestión son los de los miembros de su partido, o aquellos de los “descamisados” que los petrallas consideran representar. Pero imaginarse que los militantes petistas son sensibles frente a los derechos humanos de todos los brasileños es un “sueño de una noche de verano”, como diría Shakespeare. Claro que en esa cortedad de visión tanto los petrallas brasileños como los mamertos colombianos están de acuerdo. Los que defienden los intereses de las FARC en las “conversaciones de paz” de La Habana sólo piensan en el bienestar de la organización guerrillera y en la defensa de sus intereses estratégicos. Que  a Colombia se la lleve el diablo!

El PT ha puesto en funcionamiento, ya desde los dos gobiernos de Lula,  una estrategia para dominar totalmente a  la sociedad brasileña. Lula y sus consejeros elaboraron un plan totalitario para robarles a los ciudadanos de este país, de forma eficaz y casi automática, su privacidad, poniéndolos en manos de un Estado policial. Tal proyecto fue denunciado con claridad y coraje por el delegado Romeu Tuma Junior en su libro, lanzado a fines del año pasado en Rio e intitulado: Assassinato de reputações - Um crime de Estado (Rio de Janeiro: Topbooks, 2013, 557 páginas).

El proyecto no es nuevo en el universo más amplio del comunismo populista latinoamericano y ya funciona maravillosamente bien en la Venezuela chavista. Es bueno recordar que el Ministerio de ese país que trata de la identidad de los ciudadanos  y que guarda todas las informaciones relativas a lo que poseen y a lo que desean, funciona desde hace varios años en la Habana y no en Caracas. Los periodistas internacionales informan que en el país suramericano gobernado por Maduro hay cerca de 40 mil funcionarios cubanos haciendo el puente entre la sociedad venezolana y la burocracia totalitaria de Habana. Ese es uno de los motivos de las manifestaciones de protesta de los jóvenes venezolanos en las calles de las principales ciudades.

Pues bien: Romeu Tuma Junior afirma que en el Brasil Lula puso en funcionamiento un esquema parecido, haciendo de la Policía Federal el principal instrumento para la consolidación de esa entidad que se apropia de todas las informaciones de los ciudadanos y le da al Estado la posibilidad de instaurar contra cualquier persona procesos falsos, con miras a desmontar la oposición y a destruir los lazos de solidaridad entre las personas. Proyecto totalitario que ya Orwell imaginaba en su novela 1984 como siendo puesto en marcha por el Ministerio de la Verdad. El principal instrumento institucional es la Policía Federal convertida en policía del PT, además de otras instituciones que le estarían subordinadas como la Receita Federal.

El proyecto totalitario del PT contempla la creación de la identidad única en que aparezcan en un chip controlado por la Policía Federal todas las informaciones de cualquier ciudadano: identidad, número de identificación tributaria con acceso a todos los datos financieros de la persona física o jurídica, título de elector, número de la seguridad social, etc. Es el chip de los sueños de los totalitarios. No ha sido llevado a cabo por limitaciones presupuestales y porque el PT encuentra en el seno del Congreso aún quién se oponga a esa monstruosidad. Se suma a esto el control de la internet y de las comunicaciones, inclusive de los organismos de prensa.

Para Tuma Junior, Lula y los petistas encontraron una fuente de inspiración:  el mecanismo montado por el régimen militar para controlar movimientos sociales, del cual Lula participó en calidad de informante del régimen en los años 70 (con el alias de “Barba”). Claro que el mecanismo de información montado por el general Golbery do Couto e Silva, como el propio Tuma Junior afirma, tenía apenas un carácter de juntar informaciones de seguridad para el Estado. No constituía, de forma alguna, mecanismo totalitario para, a partir de las informaciones recogidas, montar falsos dossiés o entablar procesos judiciales fraudulentos (cosas que, por el contrario, los petistas han puesto en práctica sin ningún remordimiento. Una de las víctimas de esos procesos falsos ha sido el propio delegado Tuma Júnior, quien fuera Secretario Nacional de Seguridad Pública del gobierno Lula, pero que se indispuso con él al criticar la politización de la Policía Federal y la creación de los mecanismos fantasmas que han sido referidos).

En segundo término, yo considero que otra fuente de ese modelo totalitario es el  control total de las informaciones sobre los ciudadanos que ha sido montado en Habana, por el régimen chavista y con la colaboración de los hermanos Castro, y que los asesores de Lula conocen muy bien.

Entre éstos cabe mencionar a dos: los ex guerrilleros José Dirceu (que está preso en Brasilia con regalías semejantes a las que don Pablito Escobar tenía en su prisión de “La Catedral”, en las afueras de Medellín) y Franklin Martins (que actúa como consejero de prensa de Dilma Roussef).


Veremos en qué para todo esto en un país en que la gran prensa ha sido mexicanizada por el gobierno populista y corrupto de los petrallas y en que la oposición es tímida y no tiene agallas para decir todo lo que podría ser denunciado en la campaña presidencial que ya ha comenzado. Sólo restan las protestas de los jóvenes que salieron a las calles en Junio del año pasado y que pueden volver a ocuparlas con motivo de la Copa Mundo de Fútbol. Las redes sociales dan testimonio, actualmente, de la indignación de las nuevas generaciones con las prácticas corruptas y cínicas de los gobernantes.

domingo, 23 de fevereiro de 2014

HIJOS DEL DEMOCRATISMO



Chávez encarnado en la figura del pajarito que iluminó a Maduro
El Brasil vive tiempos de democratismo. Lope de Vega (1562-1635) en su drama Fuenteovejuna (publicado en 1618) ilustró de manera especial esa realidad. Ante el asesinato de un noble, el “Comendador”, la autoridad pregunta: - “Quién mató al Comendador?” La turba responde: - “Fuenteovejuna, Señor”. – “Y quién es Fuenteovejuna?” Indaga el alcalde. La turba responde: - “Todos a una!”


Los brasileños – y, en general, los latinoamericanos del área bolivariana (Venezuela, Brasil, Cuba, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, El Salvador) – viven tiempos de Fuenteovejuna. Nadie, individualmente, es culpable, si pertenece a la clase más numerosa, la de los descamisados, o si obra en defensa de ésta. La sociedad es la culpable por los posibles desvíos que éstos cometan. Los teólogos de la liberación, aquellos padres incrédulos que le vendieron el alma al Che Guevara, inventaron un concepto que traduce muy bien ese espíritu: el “pecado social”. Los pecadores, para los clérigos rojos, no son las personas. Son las estructuras injustas. Los pecados son imputables solamente a los explotadores de los pobres. Los descamisados, sin embargo, y sus representantes en el gobierno están cobijados por el manto de la impunidad democrática. No pueden errar pues todo lo hacen en nombre de la mayoría. Por el contrario, los ricos, los representantes del capital internacional y sus agentes represores, la policía y las fuerzas armadas en general, son sí culpables por los errores que cometan, pues no pertenecen a la mayoría.


El binomio opresor-oprimido termina explicándolo todo e indicando quién es el culpable: el opresor. Karl Marx con su socialismo totalitario y mesiánico fué quien de manera más clara utilizó esta dialéctica, al considerar que todo se explica por la lucha entre el capital y el trabajo, siendo que los trabajadores son los explotados en la historia y los que salvarán a la totalidad de la humanidad. Lenín, al pensar la lucha por la toma del poder en Rusia, aconsejaba, a la luz de los conceptos de Marx, que lo primero que los bolcheviques deberían hacer sería estimular la guerra total, la contienda civil, a fin de derrocar de una vez por todas las instituciones burguesas, encarnación de mal. Cuando los latinoamericanos, a fines del siglo XX, vincularon el populismo bolivariano con las ideas de Marx a través de los conceptos de la “revolución cultural” predicada por Antonio Gransci, dieron a luz el monstruo que hoy los aterroriza: el populismo totalitario, cuya alma es el democratismo que acaba de ser descrito.


Desde el punto de vista filosófico, el democratismo representado literariamente por Lope de Vega en el siglo XVII, fue pensado por dos autores: el filósofo ginebrino Jean-Jacques Rousseau (en la segunda mitad del siglo XVIII en su obra El contrato social), y el pensador social Henri-Claude de Saint-Simon (a comienzos del siglo XIX, en sus obras La fisiología social y El nuevo cristianismo). Para Rousseau, la Voluntad General es la llamada a gobernar, siendo que ésta es encarnada por el Legislador y el cuerpo de asistentes denominados “puros” (que abdicaron de la defensa de sus intereses particulares para entregarse totalmente al bien público). Ellos tienen dos misiones grandiosas: garantizar la felicidad general de todos los hombres, mediante la impantación de la unanimidad (destruyendo a todos aquellos que conspiren contra ésta) y hacer nacer el Hombre Nuevo, totalmente entregado a la defensa del interés público.


Para Saint-Simon, la clase oprimida, los proletarios, es la llamada a encarnar la Voluntad General, en conjunto con los que encarnan en el gobierno la defensa de los pobres. Todos ellos, proletarios y líder carismático que pasó a defenderlos, son los que constituyen la fuente del poder y tienen el deber de salvar a la sociedad de la aporía en que fué encerrada por el egoísmo. Karl Marx sólo tuvo que reinterpretar todas esas fuentes poniéndose a sí propio en el papel de representante de la salvación de los oprimidos. El doctrinario liberal François Guizot había dicho: “Burgueses de Francia, uníos”. Marx y Engels acomodaron esta fórmula en el Manifiesto Comunista de 1848 a la célebre consigna: “Proletarios del mundo, uníos”.


Los brasileños viven tiempos de democratismo. El salvador de ellos es hoy en día el representante de los descamisados, Lula y su patota de petistas amaestrados, incluyéndose entre éstos a la actual presidente Dilma, canina seguidora de las consignas lulistas. Como el gobierno petista es inepto (en lo económico, en lo político, en lo cultural  y en lo social) y da pruebas de que no se enmienda (ya transcurrieron once largos años de inepcia y de consignas revolucionarias), los descamisados han decidido practicar la que Ortega denominaba “acción directa”. Las bandas de pistoleros se han multiplicado por doquiera (como sucedió en Colombia cuando los tradicionales carteles de la droga fueron derrotados a fines del siglo pasado). Los “justicieros” y sicarios (pistoleros a sueldo) matan a la luz del día los sindicados de crímenes y estos actos de barbarie  son filmados y divulgados por las redes sociales. Todo es válido si se hace por los marginados y en contra de las élites burguesas.


Lo curioso en este caso es que tanto Lula como su patota de petistas en el poder ya están riquísimos. Y aún continúan diciendo que la culpa es de los ricos. Me imagino que esto sucedió en la Revolución Francesa. De tanto incitar al populacho contra las élites, los miembros del escalón que dirigía la loca República que fue parida por la Revolución de 1789 se olvidaron de que ellos también formaban parte de la élite. Y la guillotina se volvió contra ellos y los descabezó. Murieron en el cadalso iluminista Danton, Robespierre, Saint-Just y hasta el propio doctor Guillotin que inventó la célebre maquinita.


Lo que está pasando en Venezuela, en donde el sucesor de Chávez parece que va a llevar hasta las últimas consecuencias su condición de mesías de los “de abajo” ilustra bien la sinrazón de esa empresa soteriológica. Maduro se caerá de maduro porque está convencido de que la Voluntad General se ha encarnado en él y de que, como su maestro, el finado coronel Chávez, deberá salvar a los explotados. Ya no es necesario que un pajarito, encarnación de Chávez, se lo diga. Él está convencido de que es el salvador de la patria. Los cubanos se frotan las manos con tanta disposición, pues Venezuela continuará financiando la quebrada economía de la isla, mientras haya en Caracas alguien dispuesto a salvar a los desposeídos.


Cosas de la loca razón humana. Vayan a explicarle esto a los petistas y a sus semejantes bolivarianos en esta agitada América Latina que nos ha tocado vivir.