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sexta-feira, 10 de fevereiro de 2017

ORIÓN ALVAREZ ATEHORTÚA (IN MEMORIAM) - [PUBLICADO EN EL DIARIO EL MUNDO, MEDELLÍN, ENERO DE 1994]

El reciente fallecimiento de Orión Alvarez (ocurrido en Medellín, en enero de 1994), privó a la sociedad antioqueña y a Colombia de uno de sus más ilustres educadores. 

Si tratáramos de resumir la polifacética figura de Orión en un aspecto esencial, diría sin titubeos que él fué, ante todo, un educador. Educador por sus ideas y por su raciocinio límpido. Educador por su coraje y por su ejemplo. Educador por su paradójica manera de argumentar en clase, haciendo uso de los recursos de la dialéctica en la versión primordial y socrática del término, o sea, conduciendo al alumno, mediante los recursos del diálogo inteligente, a buscar por sí mismo las respuestas. Para Orión no había pensamiento concluído. Él era la antítesis del dogmatismo. Era un librepensador impenitente y un liberal de convicción. Cuántas veces, a lo largo de los años durante los que tuve el privilegio de colaborar con él en la Universidad de Medellín (como Director del Centro de Estudios de Postgrado e Investigación Luis López de Mesa, entre 1975 y 1978), presencié la sorpresa que causaba su agudo y crítico raciocinio entre quienes se acomodaban en las fórmulas preestablecidas o en las soluciones burocráticas.

Orión encarnó el modelo ético del intelectual weberiano. Buscaba en sus estudios con ahinco la verdad de los principios jurídicos, de la ciencia política, de la administración. Admiraba su sencillez en la investigación y su absoluto desprendimiento de vanidad en la pesquisa de la racionalidad científica. Pero así como era antidogmático por esencia y modesto en la caminada en dirección a la verdad, impresionaba por el coraje cuando era necesario defender principios fundamentales de la convivencia social.

Me acuerdo de él, impasible en la Rectoría, defendiendo la autonomía académica de la Universidad, en los aciagos momentos en que activistas vociferantes y amenazadores pretendían hacer valer el argumento de la fuerza. En uno de esos momentos,  muy numerosos en la agitada contienda universitaria de los años setentas, el líder huelguista de turno invadió la Rectoría con su grupo de repetidores maoístas de letanías y le dijo a Orión: "Doctor Alvarez, la asamblea decidió que Usted tiene que volver atrás en las sanciones impuestas a estudiantes y funcionarios". Con su acostumbrada calma paisa, el Rector le respondió: "Sólo tengo certeza de que tengo que morirme. Lo demás lo resuelvo yo no por presión de nadie, sino a la luz de la razón y del derecho". 

Su obra en el terreno del derecho administrativo, del derecho procesal, de la  ciencia política y de la administración nos legó ensayos y tratados de excelente calidad. En el ámbito de la administración pública, en el que tantas bobadas se afirman por importar acríticamente ideas de otros contextos, Orión desarrolló un pensamiento propio inspirado en los grandes tratadistas, pero sobre todo teniendo en cuenta la realidad colombiana y latinoamericana. Sus obras en este campo se han tornado fuente obligatoria de consulta en la Fundación Getúlio Vargas de Rio de Janeiro y en otras instituciones brasileñas, como la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército en la misma ciudad. En las instituciones internacionales en donde Orión trabajó (Organización de los Estados Americanos, Escuela Interamericana de Administración Pública y Fundación Getulio Vargas, ambas en Rio) dejó, entre las personas que lo conocieron, la imagen de un investigador serio y de un colaborador leal, que enalteció el nombre de Colombia.

Por todas estas razones, a la pérdida del amigo entrañable se suma el pesar por la partida de un gran colombiano. Su memoria ciertamente se perpetuará en el amor de su esposa Teresita y de sus hijos, y en el cariño y la admiración que le profesamos sus amigos. 

Recuerdo aún las últimas palabras que me dijo Orión, por teléfono, en su lecho de enfermo cuando lo llamé desde Rio de Janeiro en diciembre de 1994: "Nunca me olvidaré de lo que estás haciendo por mí". Tampoco me olvidaré jamás, Orión, del ejemplo de coraje que nos diste en tu enfermedad y de la lección de dignidad y patriotismo que fué tu vida! 

Rio de Janeiro, enero de 1994.

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