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segunda-feira, 12 de abril de 2010

LUCHANDO CONTRA EL DNA POSITIVISTA DEL REPUBLICANISMO BRASILEÑO

 Capa de la primera edición del libro de Ricardo Vélez Rodríguez, titulado: Castilhismo, uma filosofia da República (Porto Alegre: EST; Caxias do Sul: Universidad de Caxias do Sul, 1980, 160 páginas). En él, el autor estudia el modelo de la dictadura científica castillista, que fué aplicado a nivel nacional por Getúlio Vargas, a partir de la Revolución de 1930.

El gran problema de la República en la historia brasileña, es que ella fué formatada a la luz de una versión totalitaria del positivismo (mucho más absolutista que la inicial fórmula comteana). En Brasil se desarrolló una versión gaucha de la dictadura positivista, en los siguientes parámetros: 1) el Estado-empresario garantiza la riqueza de los ciudadanos, mediante una especie de capitalismo de Estado; 2) el Estado-empresario es también tutor de la moral de los ciudadanos; él garantizará lo que es bueno y lo que es malo; 3) para alguien se enriquecer, por lo tanto, debe convertirse en afiliado incondicional del Estado; 4) dentro del Estado, el poder supremo es el Ejecutivo; las elecciones son secundarias, siendo lo más importante que el candidato a ejercer el poder se imponga a las masas por su identificación con la Racionalidad Social, o sea, con una versión de ciencia aplicada al servicio del Estado y siendo el candidato a lider un jefe carismático; 5) la representación política es cuestión de "metafísica liberal"; 6) El Ejecutivo debe governar ayudado por sus Consejos Técnicos Integrados a la Administración, que se encargarán de presentarle las soluciones técnicamente viables, a fin de que el Líder decida lo que es más conveniente.

Estos seis principiios fueron elaborados, a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, por tres figuras importantes en la historia brasileña: el Marqués de Pombal (en pleno iluminismo despótico, antes aún de la Revolución Francesa, siendo primer ministro del rey Don José I); al finalizar el siglo XIX, por Julio de Castilhos, líder gaucho del Partido Republicano Riograndense, que instauró, en Rio Grande do Sul, una "dictadura científica" que duró hasta 1930, y por Getulio Vargas, el gobernador de ese Estado que aplicó el modelo pombalino-castillista a nivel nacional, cuando dió el golpe de Estado conocido como “Revolución de 1930” y conquistó, así, la Presidencia de la República. La larga permanencia de Getulio en el poder (entre 1930 y 1945, y, ulteriormente, entre 1951 y 1954), le permitió perfeccionar los mecanismos de ese modelo de dictadura científica, que terminó, en parte, siendo copiado por los regímenes militares, que se sucedieron entre 1964 y 1985.

Mezclémosle a todo esto, en los días actuales, el gramscismo del Partido de los Trabalhadores de Lula y tendremos un modelito de política hegemónica muy difícil de desmontar.

Así las cosas, no asusta a nadie que en Brasil los padres sean condenados por darles educación a sus hijos en el hogar, como si esto fuera un gran delito. El delito del ciudadano querer ser libre de las amarras a las que lo condena un Estado con tintes totalitarios, que no ha conseguido establecer una educación básica de cualidad para todos los brasileños! Ni asusta que Lula tenga un índice de popularidad por encima del 80%.

Lo que preocupa es cómo desmontar ese estado de cosas. Hay, claro, una tradición liberal y socialdemócrata que puede hacerle frente a esa pesada maquinaria. Al fin y al cabo, el Brasil no es Venezuela y hay una sociedad fuertemente diversificada que no tolerará, con certeza, un avance del modelo de dictadura republicana en pleno siglo XXI. Esa es la valerosa propuesta del candidato José Serra, que ha polarizado a su lado la oposición al populismo lulopetista que, con la candidata Dilma Roussef, amenaza avasallar de una vez por todas a la sociedad del más grande país de Suramérica, a manos del gramscismo a servicio del Foro de São Paulo y del comunismo internacional.

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